sábado, noviembre 07, 2009

Papa Tatuado en El Periódico de Aragón




Un cuento que repta como una culebra y gira como un carrusel
En ´Papá Tatuado´, Daniel Nesquens y Sergio Mora agitan todas las clavijas de lo imaginable.

05/11/2009 ROBERTO MIRANDA

Papá es maravilloso, pero desaparece. Está tatuado de los pies a la cabeza". La agilidad de Daniel Nesquens no da tiempo al lector a pensar si lo que lee es verosímil o no. Los dibujos circenses de Sergio Mora le llevan a uno al territorio de los tatuajes, a otra dimensión en la que la realidad toma vericuetos ondulados inimaginables y unos colores y formas de barraca (y de naipe) nunca vistos desde hace más de un siglo por lo menos. El caso es que la narración sigue esa misma deriva que va desde una selva procelosa a la clara tarde de un domingo (cuando las tardes de los domingos eran luminosas)

--¿Papá?

--Dime, hijo.

--¿Sabías que los elefantes son los únicos animales que no pueden saltar?

Para quedarse pensando, como los niños cuando reparan en las cosas por primera vez. Todo discurre por un tiempo que es un vaivén sin orden. Y el espacio parece girar como un tiovivo. Ahora la pareja de padres se mete en un carromato para conocer su futuro y su destino: "Todo depende de usted. Elija una de estas dos cartas y váyanse". Ocurren cosas maravillosas en el interior de un circo, lo que es normal. Pero, luego, en la calle, siguen ocurriendo: "Una nube avanzó hasta ponerse encima de mí. Yo debajo y la nube encima. Y comenzó a llover. Un rayo me pasó a menos de medio palmo. Casi lo pude coger".

Las historias se encadenan, a cual más estrafalaria, pero con ese brillo mágico que Nesquens presta a todo lo que cuenta, en tanto el lector se deja embobar por los dibujos, que vuelan en la misma dirección. Como si el Rey de Copas saltara a la mesa y se pusiera a contar historias descacharrantes: "Aquella noche llovió con la idea de que todos aprendiéramos a nadar".

Los propios personajes y los bichos entran y salen del cuento. Las patas de las arañas tienen brotes con hojas, "igual que los flanboyanes" y en ellas anidan seres que traen misterios. El narrador agita todas las variables de lo posible y lo imposible y las va sacando del fondo de su sombrero: "Me agaché y cogí una piedra. La partí en dos. Soplé sobre la piedra partida y apareció el eco del rey Arawn.

"Afuera, el día era claro y luminoso. Primavera. Me encaminé a la estación y compré un billete a cualquier parte." Todas las historias las recuerda el hijo tal como salen de su cabeza, enmarañadas. A este libro, editado por A buen paso, solo le falta revolotear a nuestro alrededor. Todo se andará, mientras existan contadores de historias como Mágico Mora y Daniel Nesquens.

1 comentario:

rotor dijo...

Sergio! que buena pinta tiene el libro. Me molaria tener una copia firmada man!jeje, nos vemos!